Encerrado en una celda gris y húmeda, sin forma de saber si su país seguía en pie o si su esposa y su hijo pequeño estaban vivos, una pasión a la que se había aferrado desde niño mantuvo vivo el espíritu de este soldado ucraniano.
Seguro los has tenido, así no los hayas reconocido. Aunque son espontáneos y elusivos, neurocientíficos y psicólogos han logrado estudiarlos para desentrañarlos.
En la década de 1950, Bette Graham tenía dificultades para manejar su nueva máquina de escribir eléctrica. Y se le ocurrió una idea para ocultar sus erratas.